Detrás de un gran hombre

Escrito por GenderIsNotSex 15-01-2017 en Género. Comentarios (0)



Solo la intimidad de ese espacio, justo detrás de bambalinas, donde vive su realidad cada pareja, podría revelar la verdadera historia de los acontecimientos exitosos. 

Horas de estudio, horas de ensayo, horas y horas en esa región donde prueba y error van dando forma día tras día al objeto que se persigue y que esquivo, hace de la persistencia el más refinado de los atributos para quien, en su afán, no sesga su ímpetu de búsquedas. 

Las vidas de quienes hoy reconocemos como grandes hombres, en muchas ocasiones bajo el sino de jornadas regadas de desaciertos y sinsabores a diestra y siniestra, han concluido en logros. 

Y al zambullirnos en sus biografías es que descubrimos, en muchos casos, que estos personajes célebres, jamás habrían podido figurar en las páginas de la historia de no haber sido por esas "socias" que, desde la trastienda, sostuvieron e impulsaron, gracias a ingentes dosis de fe, los sueños de aquellos. Y la salida a la luz de estas circunstancias, en busca de cierta ecuanimidad tal vez, han visto nacer aquella frase tan oída, que reza: "detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer".

Y uno no puede menos que fantasear con escenas cotidianas donde ella, pacientemente, anhelosamente, llena de las mismas ilusiones, o tal vez sin ellas, pero con mucho de eso que se llama amor, ha acompañado y alentado el quehacer de su marido, su pareja, su hombre. 

Y probablemente, en justicia, se llegue a la conclusión de que esa mujer jamás ha estado detrás, sino a la par.

Esta satisfacción de la tarea compartida, de la lucha codo a codo, de esa mujer y 

ese hombre aunados en una ilusión que ansía tomar vuelo y alcanzar la gloria, no admite descripción y, sin duda, da forma al concepto de pareja, en el más amplio y profundo de los sentidos. 

Algo así le sucedió a Larry. Este joven talentoso, trabajó, estudió, dio rienda suelta a sus ideas, y luego de mucho esfuerzo, persistencia, vínculos y demás, llevo a cabo su obra con un  éxito aplastante.

Casi a fin de siglo, que a su vez fue fin de milenio, este humilde caballero, director, guionista y productor cinematográfico, en conjunto con su hermano, nos obsequiaron una maravillosa pieza del séptimo arte, tal vez la última gran obra del siglo, que llamó fuertemente la atención del público masivo por su impacto visual, y mucho, mucho más a los pensadores y filósofos del universo distópico, por el trasfondo de su trama, a saber: Matrix.

Y Lana siempre estuvo allí, junto a Larry, ese Larry de apellido Wachowsky, dándole médula a sus proyectos, inyectándole la dosis necesaria de ese cóctel de virtudes indispensables para la perseverancia. Observando todo desde la perspectiva femenina, muchas veces tan disímil de la masculina, pero tan asertiva y aguda. Allí, entre los cortinados del teatro de su vida, silenciosa, observadora. Presente pero discreta, incluso oculta. Eso, oculta. Así vivió Lana toda su vida, a la sombra de Larry.

Hasta que un día se cansó. Un día dijo basta, hasta acá llegué! Se puso firme, reclamó su lugar, ese sitio que el destino y la presión social le mezquinaron toda su vida. Ese espacio que en definitiva era suyo y de nadie más. Y aunque Larry era un buen tipo, era ella quien desde el anonimato marcaba el paso, dirigía la batuta, sí, pero sin tener la sartén por el mango.

De manera que un día Larry se levanto temprano, se duchó, desayunó, y enfiló para el closet. 

Seleccionó cuidadosamente su vestuario, una pollera de seda floreada, una camisola al tono, un suéter holgado, sandalias de tacón, aros, un bonito collar, y ya frente al espejo le dijo, se dijo: Lana, es tu turano, ya hiciste mucho por mí, ahora te toca a vos. 

¿No te parece que es hora de salir a dar un paseo?


Dafne Muschnik